Roque Mendoza estaba sentado frente a una mesa de caoba, en su despacho en lo alto de la mansión. La habitación olía a tabaco rancio, pólvora y cuero viejo. Afuera, Danma City seguía girando… pero no como antes.
Las noticias llegaban como moscas al cadáver: vagabundos hablando de una rebelión, soplones que no sabían a quién temer más, antiguos aliados ahora en silencio. Había una palabra que se repetía en todos los informes: Santi.
Ya no era un chico escapando. Era el símbolo de algo. Una chi