La mansión Mendoza estaba en calma. Roque caminaba por el jardín interno, una copa de whisky en la mano y un cigarro entre los labios. El cielo de Danma City era gris como siempre, pero la brisa traía un silencio que a él le sabía a victoria. Los operativos continuaban. La mayoría de los rebeldes estaban escondidos o muertos. Para Roque, era solo cuestión de tiempo.
—Esta ciudad ya no muerde —dijo para sí mismo.
No sabía que, a varios kilómetros de allí, el rugido había vuelto a despertar.
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