Santi se arrastraba entre el barro y las piedras húmedas, respirando con dificultad. Su costado ardía como si el fuego todavía lo lamiera desde dentro. Había perdido demasiada sangre, y la oscuridad de los túneles comenzaba a devorarlo por dentro.
Cada paso era una decisión: seguir o rendirse.
Pero se obligaba a avanzar. Por Sarah, por Zarella, por Indira. Por su madre. Por su hermana.
El recuerdo de Camila aún lo quemaba. Aquella visión, tan real como dolorosa, le hablaba al alma: No es tu