La noche era densa en la casa de los Marchetti. Las luces estaban bajas, los guardias en sus rondas, y los padres de Victtorio dormían en la planta alta, confiados, creyendo que dejar a Aria y Sofía allí era lo más seguro.
No contaban con que su propio hijo irrumpiría como un ladrón.
La puerta trasera se abrió apenas un par de centímetros antes de que una mano enguantada la empujara con suavidad.
Carter entró primero.
—Rápido —susurró, cerrando sin hacer ruido.
Victtorio entró detrás, más sombr