La mañana llegó sin suavidad porque en el mundo de Victtorio la paz era solo una tregua momentánea. Él despertó primero con el instinto alerta y se quedó observando a Aria mientras ella dormía. Por un instante sintió una punzada de vulnerabilidad al comprender que amarla así era entregarle el arma que podía destruirlo. Se levantó sin hacer ruido y salió al pasillo donde el frío del mármol lo recibió junto a la vibración de su teléfono.
—La vimos jefe —soltó Luca sin preámbulos— Raquel estuvo