La camioneta apenas se detuvo cuando Aria abrió la puerta y bajó con prisa, sin mirarlo, sin decir una palabra. El portazo resonó en el patio de la mansión como un desafío Victtorio no se movió de inmediato. Se quedó unos segundos dentro, observando cómo ella avanzaba con pasos rápidos, tensos. No hacía falta correr detrás de ella. Sabía que estaba huyendo… y también sabía que no llegaría lejos.
Entró a la casa con una calma que imponía miedo, el sonido de sus pasos fue constante, seguro. La en