Sofía llevaba varios minutos frente al espejo cuando decidió hacerlo.
Se acomodó el cabello con manos temblorosas, respiró hondo y salió de la habitación con el corazón acelerado, no por miedo sino por esa sensación incómoda de estar pidiendo permiso en una casa que no sentía suya.
Victtorio estaba en el despacho, de pie frente a la ventana, hablando por teléfono en voz baja cuando ella tocó la puerta.
—Pasa —ordenó sin girarse.
Sofía entró despacio, cerró detrás de sí y esperó, Victtorio termi