Victtorio permaneció de espaldas a su madre unos segundos más. La noche se reflejaba en el vidrio de la ventana, deformando su figura como si incluso su sombra tuviera doble rostro. Cuando por fin habló, su voz ya no era la del hijo, sino la del hombre que había gobernado desde las tinieblas durante años.
—Soy el jefe de una mafia muy grande —dijo al fin—El capo más buscado de este país y de otros tantos. Nadie conoce mi rostro. Nadie sabe quién soy realmente. Para el mundo solo existo como El