El salón del Consejo estaba en silencio absoluto. Todos los presentes aguardaban expectantes mientras los diez ancianos pronunciaban la sentencia que acabaría de una vez con la manada Luna Nueva.
Erick, todavía de pie en el centro de la sala, parecía no comprender lo que acababa de escuchar. Sus ojos, enrojecidos por la ira y la incredulidad, se movían de un lado a otro buscando apoyo, pero solo encontraba miradas severas, algunas cargadas de desprecio y otras de pura indiferencia. Los pocos mi