El murmullo de la multitud aún resonaba en la lejanía, pero para Emili ya no existía nada más que aquel aroma que la envolvía como un torbellino. Era cálido, fuerte, imposible de ignorar. Su loba lo reconoció antes que su mente, y un aullido interior sacudió su pecho.
—Es suficiente… —susurró, cerrando los ojos con decisión—. Voy a enfrentar esto. Y si rechacé esta noche a Jackson… puedo rechazar a veinte más.
Sus pasos resonaron en la hierba húmeda, firmes y seguros. El viento le trajo de nuev