El aire vibraba con la intensidad del rugido de las multitudes. La arena se había convertido en un hervidero de voces, olor a sudor y tierra levantada por los combates. Bajo la atenta mirada de los jueces, los cuadriláteros circulares estaban preparados, cada uno delimitado por un círculo de piedra y símbolos grabados en el suelo que marcaban el límite de la contienda.
La primera ronda ya había terminado, dejando a varios fuera de combate y a otros en desventaja. La tensión crecía a cada minuto