El rugido de los tambores ceremoniales retumbó por todo el valle, vibrando en las entrañas de cada lobo presente. El aire estaba cargado de expectación y un leve aroma a tensión recorría el campamento como una corriente invisible.
El consejo se había reunido al centro de la arena principal, un enorme cuadrilátero de piedra rodeado por gradas repletas de manadas expectantes. Allí se decidiría el destino de cientos de clanes. Las reglas ya habían sido dictadas con voz firme: la última competencia