El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación cuando Valeria abrió los ojos. Durante un instante, permaneció inmóvil, sintiendo el peso cálido del brazo de Damián sobre su cintura, su respiración acompasada contra su nuca. Ya no despertaba sobresaltada, con el corazón desbocado y la sensación de estar en territorio enemigo. Ahora, este lugar se había convertido en su refugio.
Se llevó una mano al vientre, que comenzaba a redondearse de manera más evidente. Cinco meses. Cinco meses d