El crepúsculo teñía el cielo de tonos anaranjados y violetas cuando Valeria salió a la terraza de la cabaña. El aire fresco de la montaña acarició su rostro mientras contemplaba el horizonte, donde el sol se ocultaba lentamente tras las copas de los pinos. Su mano descansaba sobre su vientre, cada día más prominente, recordándole constantemente que el tiempo seguía su curso implacable.
Escuchó los pasos firmes de Kael acercándose por detrás, pero no se giró. Había aprendido a reconocer su prese