El sol se elevaba sobre las montañas, bañando el territorio de la manada con una luz dorada que parecía bendecir cada rincón. Valeria observaba desde el porche de la casa principal, una taza de té caliente entre sus manos. La brisa matutina jugaba con su cabello, ahora más largo y con algunas hebras plateadas que ella llevaba con orgullo. Cicatrices de batallas ganadas, solía decir.
Habían pasado tres años desde aquella noche en que todo cambió. Tres años desde que la manada se había reconstrui