El bosque ardía. Las llamas se alzaban como dedos hambrientos hacia el cielo nocturno, devorando todo a su paso. Valeria corría entre los árboles, con el corazón martilleando contra su pecho y el sabor metálico del miedo en la boca. No era solo su vida la que estaba en juego; su mano se posaba instintivamente sobre su vientre mientras esquivaba ramas caídas y saltaba sobre troncos humeantes.
La emboscada había sido perfecta. Demasiado perfecta. Los lobos de la manada de Rohan habían aparecido d