Capítulo 90. El entierro y la corona.
El palacio estaba vestido de luto: telas negras colgaban de los balcones, bandas de seda cubrían los estandartes y un olor a incienso pesado flotaba en el aire, pegajoso, insistente. Las calles que llevaban al gran salón se llenaron desde el amanecer; los mandatarios llegaban con pasos medidos, miradas ensayadas, trajes que eran armadura social. Nadie se movía sin propósito. La muerte del emperador había colocado a todo Zafir en una especie de espera tensa, como si el imperio contuviera la resp