Capítulo 20.
Juro que iba a matar a quien se atrevió a tocar la puerta. Tenía el cuerpo de Camila debajo del mío, sus labios temblando contra los míos, el calor de su piel y el vestido a medio caer… y de pronto, tres malditos golpes lo arruinaron todo.
Me aparté de ella con rabia contenida. Estaba excitado, frustrado, con la sangre hirviendo. Ella corrió al baño como si hubiera visto un fantasma, como si lo que acabábamos de hacer fuera un crimen. Cerró la puerta y yo me quedé solo, respirando como un anima