CAPÍTULO 98 — LA BODA REAL EN LUMERIA.
El palacio de Lumeria se transformó en un bastión de celebración esa mañana. Las torres altas estaban envueltas en telas blancas y oro que ondeaban con la brisa del lago cercano, reflejando el sol como si el edificio entero brillara. Flores blancas —rosas, lirios y jazmines— cubrían cada arco, cada balcón, y formaban arcos en los jardines donde los invitados se reunían. El cortejo real incluía guardias con uniformes dorados, doncellas esparciendo pétalos por los pasillos, y músicos tocando arpa