El gran salón estaba cubierto de telas blancas y doradas que colgaban en arcos desde las columnas de mármol, reflejando la luz de los candelabros que goteaban cera sobre pedestales. Mesas largas cargaban bandejas de faisán asado, frutas exóticas y copas de vino espumoso que los sirvientes llenaban sin cesar. Flores de jazmín y lirios perfumaban el aire, mezclándose con el incienso que ardía en braseros de bronce. Los músicos tocaban violines y arpas, una melodía animada que invitaba al baile, m