CAPÍTULO 117 — LA DIOSA.
La noche envolvía el palacio de Zafir, el aire cargado con el aroma de las velas de cera y el leve olor a tierra húmeda que se colaba por las ventanas abiertas. Alexandra y Carlos yacían en su cama de dosel y roble tallado, las sábanas enredadas alrededor de sus cuerpos sudorosos tras hacer el amor. Sus respiraciones se mezclaban, el calor de sus pieles aún vibrando con la intensidad de su unión. Pero en el corazón de Alexandra pesaba una sombra: la ausencia de un hijo, el miedo de no poder dar