CAPÍTULO 116 — CONCUBINA.
En un abrir y cerrar de ojos, un año pasó. Zafir, bajo el mando de Alexandra y Carlos, se alzó de sus cenizas. Las calles de la capital, antes ruinas humeantes, ahora vibraban con el bullicio de mercados llenos de fruta fresca, pan caliente y telas de colores. Los martillos resonaban en aldeas lejanas, reconstruyendo casas de piedra y madera, mientras los campos, antes quemados, verdeaban con trigo y cebada. Los nobles, impresionados por la rapidez con la que el imperio se recuperó, admiraban a