Mundo ficciónIniciar sesiónEn el Reino de los Hombres Lobo, donde los demonios, vampiros, y humanos son considerados simples leyendas, Sky siempre ha sido una anomalía. A sus dieciocho años sigue sin experimentar la transformación. Su apariencia es diferente, su aroma resulta extraño y su existencia se ha convertido en el blanco de burlas, desprecio y crueldad. Aunque vive bajo la protección del rey y la reina, nadie conoce el infierno que soporta a diario a manos de quienes deberían cuidarla, incluido su propio padre y, sobre todo, los tres príncipes alfa del reino. Cuando una inesperada revelación sacude el mundo que conoce, Sky descubre que nunca fue una loba. Ella es la hija perdida del Rey Demonio. El caos se desata cuando el rey demonio aparece para reclamar a su heredera y llevarla de regreso a su hogar. Sin embargo, no viaja sola. Los tres príncipes alfa, que resultan ser sus compañeros destinados, son arrastrados junto a ella hacia un mundo desconocido y peligroso. Pero el vínculo de pareja no puede borrar años de humillación. Mientras los alfas luchan contra la culpa y tratan desesperadamente de ganar el perdón de la mujer a la que lastimaron, Sky descubre que por primera vez posee el poder. Ahora son ellos quienes dependen de su misericordia. Ahora son ellos quienes deben demostrar cuánto están dispuestos a sacrificar por ella. Entre deseos de venganza, sentimientos prohibidos y una atracción imposible de ignorar, Sky deberá decidir si el amor merece una segunda oportunidad o si algunas heridas son demasiado profundas para sanar. Porque en el Reino Demonio, donde los monstruos gobiernan y los secretos salen a la luz, los tres alfas están a punto de aprender que la chica a la que despreciaron podría convertirse en la reina capaz de destruirlos... o salvarlos.
Leer másLa tierra tembló, aunque al principio solo pensé que era mi cabeza, que seguía mareada por todo lo que había pasado el fin de semana anterior, pero cuando el suelo volvió a vibrar una segunda vez, cuando las paredes crujieron y los ventanales comenzaron a repiquetear como si fuesen a estallar, me di cuenta que, por primera vez, yo no era el problema, más cuando los estudiantes salieron corriendo en estampida hacia las puertas del instituto, en ese segundo exacto comprendí que algo muy malo sucedía.
Me gustaría decir que el pánico me invadió, que comencé a temblar o a gritar como muchos lo hacían, pero sin embargo no fue el caso, el fin de semana se había llevado cualquier impresión y cualquier sentimiento que pudiera ver en mi cuerpo, aun así, en algún momento me vi siendo arrastrada por la multitud, por supuesto que no tenía cómo impedir aquello, era débil, era insignificante, y antes semejante estampida era nada, por lo que simplemente más parecía una bola de playa siendo arrastrada por la marea, salvo que esta marea no estaba formada por agua sino por personas, solo era cuestión de tiempo para que trastabillara y terminará muerta aplastada por alguien, aunque si debo ser honesta en verdad deseaba que algo así sucediera, ese podría ser mi mejor final, cualquier cosa que me evitara ver el rostro de Jano o el de alguno de sus hermanos, quizás este terremoto era un favor que me estaba concediendo la diosa luna, porque malditamente la clase que seguía estaba impartida por Jano.
Ya de por sí era malo saber que tarde o temprano me lo toparía, porque no tenía lugar a dónde ocultarme, al menos no mientras estuviese dentro del instituto donde él era uno de los tantos profesores, de solo imaginar que tendría que volverlo a ver, mis manos sudaban, entonces, por supuesto que deseaba ser simplemente convertida en polvo en medio de esta estampida, pero por supuesto que, suerte es lo que nunca tuve, y eso quedó más que claro, cuando de pronto una mano aferró mi muñeca, era él por supuesto.
—Menos mal que estás aquí —gruñó Jano, tirando de mí hacia adelante—. Vamos, debemos salir. No sé qué demonios está sucediendo, pero debo ponerte a salvo.
Su voz, su tacto, su olor… Todo él me revolvió el estómago, me daban ganas de gritarle, de escupirle en la cara que no tenía derecho a tocarme, ni siquiera para salvar mi vida, ni él, ni sus hermanos, porque ellos tres se habían encargado de destruirme, de recordarme día tras día lo insignificante que era.
Entonces simplemente abrí la boca, lo rechazaría, lo maldeciría si fuese necesario, las palabras estaban allí ardiendo en mi lengua, y sin embargo, nada salió de allí, mi boca se abrió y cerró, como si de un momento a otro me hubiese quedado muda, tal como había ocurrido el fin de semana anterior, la voz se me quedó atrapada en la garganta, lo único que podía sentir era la angustia golpeando mi pecho, estrangulándome desde adentro, y las lágrimas agolpándose en mis ojos quemando por salir, sin embargo parecía que había llorado tanto el fin de semana que ya ni lágrimas me quedaban y mientras tanto, Jano siguió tirando de mí, abriéndose paso entre los demás hasta que, finalmente, salimos al exterior.
El frío me azotó la cara, este invierno de por sí estaba siendo uno de los peores que había azotado el territorio, pero ahora se sentía casi insoportable.
—¡Sky!
El grito de Taylor me hizo revolver el estómago aún más, ese imbécil que era el entrenador de los guerreros, el que siempre se mostraba tan implacable y concentrado en su deber, ese mismo que no dejaría su puesto por nada del mundo, ahora estaba allí, no solo fuera del campo de entrenamiento, sino que se había dignado a aparecer en el instituto, lo peor de todo que me buscaba entre la multitud como si realmente le importase, ¡que irónico!
Se suponía que, de los príncipes, él era el más responsable, el que nunca abandonaría su puesto por algo tan insignificante como yo, pero, claro, ahora nada era como “se suponía” que fuera.
—Gracias a la Diosa que la encontraste. —dijo una tercera voz.
Kenan apareció a mi derecha, como si hubiese brotado de la nada, y allí estaba los malditos príncipes, esos que me doblaban la edad, la estatura, la fuerza, esos mismos que se habían encargado durante años de convertir mi vida en un infierno, al igual que cada uno de los habitantes de este maldito lugar, y ahora… ahora simplemente pretendían ser mi salvadores.
Claro que su cambio tan drástico de comportamiento no se debía a que se habían percatado de que soy un ser vivo con sentimientos, no, eso a ellos jamás les importó, su cambio solo radicaba en él asqueroso hecho de que eran mis compañeros destinados.
Recordé sus palabras de la noche anterior, la desesperación en sus ojos, sus voces humillándose, ofreciéndose incluso a ser mis esclavos si era necesario, algo que en verdad debería de haber sido sumamente satisfactorio… pero no lo fue, por supuesto que quise rechazarlos, gritarles que se alejaran de mí, que prefería morir de soledad antes que aceptar su protección, restregarle en la cara que habían llegado demasiado tarde, que su acoso había llegado demasiado lejos, que jamás podría amarlos, porque mi corazón solo los detestaba, y aun así aunque me esforcé, realmente lo hice, ni una mísera palabra salió de mis labios, como si algo me lo impidiese, y por supuesto que no podía culpar a mi loba, porque malditamente no tengo una, ese era el motivo de su acoso, ese era el justificante para tratarme como lo hacían.
—Sky, rápido, por aquí.
La voz de Luna Esmeralda cortó en seco el remolino oscuro de insultos que estaba empezando a tragarme, porque por supuesto que todo el mundo me había tratado como basura, incluso mi propio padre, pero aun así, entre tanto odio, estaban aquellos que habían sido luces en mi eterna oscuridad, como la reina luna y el rey Alfa, como Juana, por supuesto que a ellos no le guardaba rencor y fue por eso que apenas escuché su voz volteé a verla, y solo entonces, me di cuenta de que no solo la tierra había temblado…El cielo también se había vuelto una pesadilla.
Sky estaba despierta, pero con los ojos cerrados, había despedido a las empleadas, había ordenado apagar las luces del Pabellón Cielo y se había metido en la cama… pero no dormía, no podía, no cuando, a través de la puerta, podía escuchar claramente las voces de sus tres alfas en el corredor, se podria decir que se habían acostumbrado a turnarse afuera de su recámara, no era una orden suya; simplemente lo hacían, pero esa noche estaban los tres.—Así que… ¿qué sentiste exactamente? —la voz de Jano sonó baja, pero Sky, con el oído entrenado de las noches en las que Richard bebía, no tuvo problema en distinguir las palabras.—Ya lo dije —refunfuñó Kenan, sintiendo asco de solo recordarlo— Fue… como si hubiera pasado de verdad.—Define “pasado de verdad” —insistió Jano, testarudo, más guiado por su instinto de investigador que por otra cosa.Hubo un silencio breve, y Sky se removió bajo las sábanas, sabiendo que, si se obligaba a ponerse la almohada sobre la cabeza, podría dejar de escuc
El pasillo se alargaba delante de ellos como un túnel de piedra y ecos, Kenan caminaba rígido, con la espalda recta por costumbre, pero el agarre de Sky en su antebrazo le recordaba a cada paso que algo no estaba bien.—Siento… cosas que no han pasado —había admitido— Con alguien con quien nunca he estado, y mi lobo las odia.Sky apretó un poco más sus dedos, no iba a dejarlo llegar al Pabellón Cielo haciendo como que nada pasaba estaba a punto de exigirle más detalles cuando un olor distinto cortó el aire, era algo herbal, terroso, con una nota de veneno que no era peligrosa, pero sí inconfundible.—Hermana —saludó una voz tranquila.Zarek Ravenna salió de detrás de una columna, como si hubiera estado esperándolos, su piel verde oliva, recorrida por finas líneas más oscuras, contrastaba con el negro de las ropas y sus ojos, de un tono verde más claro, se posaron un instante en Sky y luego en Kenan, antes de fruncir el ceño.—Qué interesante combinación de aromas… —murmuró, acercándos
El mensajero regresó antes de que terminaran de desayunar.—La concubina Morgana Draeville acepta la invitación de la princesa Sky —informó, inclinando la cabeza— Dice que será un honor recibirla a la hora del té.Sky dejó la taza en el plato, sin hacer ruido.—Perfecto —dijo— Kenan, vienes conmigo.No fue una pregunta, fue una orden y Kenan asintió, agradecido por cualquier tarea que implicara hacer algo concreto por ella, mientras que Jano se ofreció con la mirada, pero Sky negó apenas con la cabeza.—Tú te quedas —añadió— Necesito que prepares una lista de tareas para cuando empecemos a experimentar con mi sombra.Taylor resopló.—¿Y yo?—Tú intentas no morder a nadie sin que yo lo pida —replicó, seca y los dos alfas menores gruñeron, pero no insistieron.El Pabellón Draeville estaba al otro lado del complejo, pegado a un ala del castillo principal, era alto, elegante, con balcones que parecían querer morder el cielo, cada detalle gritaba “antigua favorita”, Kenan lo notó todo, los
El sol de un nuevo amanecer encontró a Sky mucho más descansada de lo que habría creído posible, porque por primera vez desde que su vida había cambiado, se había hundido en un sueño tan profundo que ni sueños, ni sombras, ni voces la arrastraron de un lado a otro, al fin su mente estaba despejada, aunque su cuerpo… no tanto.Al incorporarse, la sábana resbaló por su cadera y Sky se obligó a mirar, las marcas de garras en su piel, esas mismas que Taylor le había dejado la noche anterior, apenas eran unas finas líneas rosadas, ya casi borrándose, y recordó, sin querer, cómo era antes, en el reino lobo, como una herida así, hecha por las manos del mismo alfa en entrenamiento, le habría tomado semanas sanar, ahora, fuese por su sangre demoníaca, por el lazo, o por ambas cosas, su piel estaba casi intacta y eso era una buena noticia, y, sin embargo, no fue eso lo que le robó la respiración, sino más bien fue la vista a su derecha.Y es que Taylor seguía allí, recostado a su lado, completa
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