El silencio que siguió fue espeso, incómodo, incluso para mí que simplemente estaba allí, a medio ocultar como un espectador, pero era realmente algo el observar sus miradas esquivas y como de golpe las sonrisas se borraron.
—Sky no está sola. —gruñó Richard, defensivo— Soy su padre. Estoy aquí, ¿no?
Hubo un breve chasquido de la puerta cerrándose, pues Jano había ingresado en mi humilde hogar sin invitación alguna, su quijada estaba apretada y sus ojos azules se habían helado al completo.
—Sí,