Mundo ficciónIniciar sesión— ¡No! — el grito salió sin permiso y me arrepiento de inmediato al ver sus rostros, asombro en el de los lideres y furia el de Jano. — Gracias, pero ya quedé con unos amigos. — solo espero haber sonado convincente, que la diosa me libre de estar cerca de esos idiotas.
— ¿Amigos? Pero si yo soy tu único amigo. — Jano, ¿qué mal tan grande te hice?
— Entonces no se diga más, pasaras tu cumpleaños con Jano, Kenan y Taylor. — la sonrisa de Jano se amplia y siento que estoy a punto de vomitar.
— Luna… — por favor, di algo, así sea que piensas morirte antes de estar con ellos.
— Sé que Taylor es muy borde contigo, pero se comportara, ¿verdad querido? — ¿borde? Pero, Luna, si su hijo es el responsable de la cicatriz de mi cabeza.
— No tienes nada que preocuparte, al igual que con los jóvenes de la cafetería, Taylor se comportara como es debido o enfrentara mi furia.
Asegura con voz firme el rey, y yo sé que estoy muerta, definitivamente, es mi fin.
La luna ya ha salido cuando retorno a la cabaña, en el fondo agradecida que luego de tantos estudios y análisis médicos, luna Esmeralda y el rey Lució me llevarán a cenar, sé muy bien que al ingresar en mi hogar ni siquiera un pedazo de pan duro espera por mí, es por eso por lo que casi sin hacer ruido ingreso por la puerta trasera, y a una velocidad casi ridícula subo a mi habitación, no queriendo llamar la atención de mi padre, no creo poder soportar otra noche de paliza, solo necesito dormir un poco, solo un poco, pero claro que lo que yo necesito y lo que el destino tiene para mí son cosas muy diferentes, bueno en realidad no debería de quejarme, la verdad es que por algún milagro mi padre decidió no golpearme esa noche, quizás consciente que en la mañana siguiente debería de prepararme para ir al castillo, algo que realmente estoy haciendo en este momento aunque… sé que nadie vendrá por mí.
Y mientras sigo maquillando mi rostro, para tapar los moretones que mi padre me hizo el día anterior, el olor a alcohol quema el aire, más denso que nunca, algo a lo que debería de estar acostumbrada, pero sin embargo no era el caso, y es que aunque no tenga loba, mi olfato es realmente muy sensible, para mi desgracia, y aunque mi oído podría ser el de cualquier persona normal, las risas de Richard son tan estridentes que incluso subían desde la planta baja, mezclándose con las voces roncas y los ruidos de vaso chocando contra la mesa, definitivamente mi padre no está solo hoy, eso está más que claro, aunque no podría decir con precisión a qué hora llegaron sus visitas, quizás desde muy temprano, tal vez desde mitad de la noche, de lo que sí estoy segura es que todos están ebrios.
No puedo evitar que mis ojos se nublen con lágrimas, se supone que hoy es “mi día”, que cumplo 18 años, y aunque se supone y se espera que el cumpleaños número 16 sea realmente el más esperado por todos, ya que el espíritu lobo se rebela, para las lobas, los 18 años también son importantes, es la edad que marca la diferencia entre una niña y una mujer que ya está lista para aparearse y procrear, es cuando ya has pasado el cortejo de tu mate, es donde muchas lobas finalmente dejan el hogar de sus padres, para vivir con sus compañeros destinados, por supuesto que este no será mi caso pero al menos… realmente deseo que mi loba aparezca, que sea cierto lo que dicen los médicos, que quizás todo sea un trastorno hormonal, solo pido ser normal.
Aunque en el fondo sé que hoy para mí solo será un recordatorio de que seguiré atrapada aquí, al menos hasta que finalice el Instituto, solo esa esperanza me queda, la promesa que los Reyes me han hecho, quiero creer que una vez que finalice el instituto me dejaran partir a buscar a mi madre, donde sea que haya huido, del cabron que resultó ser su mate.
—¡Y este año será distinto, ya verán! —la voz de Richard tronó, arrastrando sílabas, hinchada de orgullo falso. — El Alpha Lucio y la Luna Esmeralda mandarán un banquete entero para mi niña. ¡Mi hija es especial, la favorita de los Reyes!
Maldigo la hora que salí del refugio de mi habitación, pero ya es tarde para arrepentirse, por lo que simplemente me quedo parada en la escalera, rezando porque ninguno de ellos me vea, Mientras tanto las carcajadas de sus amigos sacudieron las paredes, pero sé muy bien que no es una risa de alegría, sino más bien de burla, aunque no sabría decir si se están burlando de mí o de mi padre.
—Claro, Richard, claro. —se oyó la voz de otro— ¿Y por qué no vienen ellos mismos a traerlo? ¿Eh?
—Porque están ocupados, idiota. —replicó Richard, golpeando la mesa— Pero este año… este año seguro mandan algo grande, ya saben es su mayoría de edad, sé que van a hacerle una fiesta enorme en el castillo, como siempre, ya lo verán. Y yo… yo tendré la mejor comida y bebida que hayan visto jamás.
No pude evitar soltar una risita amarga, tan baja que ni yo misma estuve segura de haberla emitido.
“Como siempre”.
En verdad no sé qué es lo que pasa por la cabeza de este hombre, es verdad que cada año había sido lo mismo, los Reyes mandaban a buscarme, Pero nada de lo que mi padre supone es lo que realmente sucede, los Reyes simplemente tenían un detalle conmigo, preparaban una pequeña cena en el castillo, un pastel sencillo, un par de regalos modestos, y como invitados eran ellos, los príncipes y yo. Nada más, bueno a veces asistía algún Beta de confianza, aunque creo que eso se debía simplemente a que Taylor llevaba alguno de los luchadores para burlarse en silencio de lo patético que eran mis cumpleaños, pero claro por supuesto Richard no tenía cómo saberlo, el jamás asistía, siempre ponía algún pretexto, creo que en el fondo tenía miedo de que los Reyes supieran de que él me golpeaba de alguna manera, muchas veces se lo habían advertido debía de cuidarme, pero para Richard era lo mismo que si escuchara que debía de golpearme, o quizás simplemente no tenía ganas de avergonzarse aún más de mi existencia, lo que fuese Richard simplemente se quedaba aquí bebiendo, y fanfarroneando por supuesto repitiéndole a todo el mundo que su hija era la favorita de los Reyes, que disfrutaría de un gran banquete al estilo real, porque por supuesto yo debía de traerle cualquier cosa que sobrara, y claro que lo hacía.







