8. Jaula de luna.
Mi cuerpo me traiciona. Siempre lo ha hecho, pero ahora lo hace con una precisión cruel, con una obediencia instintiva que no entiende de orgullo ni de voluntad. No importa cuánto lo niegue, cuánto me odie por sentirlo, cuánto maldiga en silencio cada latido que lo delata… cuando él me toca —cuando Averis me toma con esa certeza que no admite preguntas, con esa calma feroz de quien sabe que todo lo que abarca le pertenece— algo en mí se enciende. No es un fuego común. Es una melodía prohibida,