509. Donde la amenaza aprende a tocar sin permiso.
No amanece de golpe, el día se filtra como una sospecha, y mientras la luz entra oblicua por las aberturas altas del refugio comprendo que algo ya se ha desplazado durante la noche, no afuera sino en el modo en que soy percibida, porque el silencio posterior a la liberación no es vacío, es expectación acumulada, una respiración colectiva contenida que presiona desde todos los frentes.
Saelith permanece cerca, no siempre visible, pero tan presente que cada decisión mía roza su atención como una