512. El silencio que conspira mejor que cualquier multitud.
No me siguen cuando salgo, y esa ausencia de persecución es más inquietante que cualquier intento torpe de control, porque confirma que el relato ya está circulando sin mí, ajustándose solo, alimentándose de su propia coherencia falsa, y mientras avanzo por corredores que de pronto parecen más largos, más impersonales, siento cómo el aislamiento público se deposita sobre mi piel con una intimidad incómoda, como si cada paso me desvistiera de una identidad que otros creen haber entendido demasia