58. Ecos del umbral.
La ceniza todavía flota en el aire cuando abro los ojos, un recordatorio silencioso de que el fuego sagrado que consumió la noche se ha apagado hace horas, pero su eco palpita en mi interior con la insistencia de un tambor ancestral que no se puede ignorar, resonando en la base de mi vientre, recorriendo cada nervio, cada yema de mis dedos, en la forma en que mi respiración se agita sin motivo, como si los restos de aquel rito hubieran quedado tatuados en mi cuerpo con brasas invisibles que nad