506. Lo que arde cuando nadie mira.
El rechazo no produce un vacío inmediato.
Produce un eco.
Durante un tiempo impreciso —horas, quizá solo instantes prolongados por la intensidad— todo parece continuar con normalidad: los desplazamientos siguen su curso, las voces mantienen su tono funcional, incluso las miradas aparentan haber recuperado una distancia prudente. Pero bajo esa superficie ordenada, algo ha quedado desanclado, y el mundo empieza a responder a esa falta de centro con una inquietud casi orgánica.
No hay castigo exte