505. El punto donde la lucidez empieza a doler.
La calma posterior no es alivio, es un tipo de tensión más refinada, una que se instala cuando las decisiones ya han sido tomadas y lo único que queda es habitar sus consecuencias sin adornos, y lo percibo en la manera en que los espacios se reorganizan a mi alrededor, no por órdenes formales sino por una prudencia nueva, como si el mundo hubiese aprendido a no acercarse del todo sin preguntarse antes qué parte de sí mismo está dispuesto a exponer.
El deseo no ha desaparecido.
Se ha vuelto más