650. El pulso que no miente.
No retiro la mano, podría, sería lo lógico separarla. Ordenar. Volver a una distancia segura donde todo tenga nombre y control. Pero no lo hago, porque si lo hago ahora… no sé si es elección o reflejo, y eso ya no me sirve. El pulso de Kael sigue bajo mi palma.
Fuerte.
Rítmico.
Constante.
No hay duda ahí.
No hay interferencia.
El cuerpo no miente como la mente puede hacerlo y eso… es lo único que tengo claro en este momento.
—Sigue —dice en voz baja.
Lo miro.
—¿Qué?
—No te detengas a mitad.
Sil