504. Lo que reclama el deseo cuando deja de ser promesa.
La consecuencia no irrumpe con estruendo, se instala como una marea baja que deja al descubierto aquello que siempre estuvo allí, y lo percibo en las horas posteriores, cuando el movimiento inicial se disuelve y lo que queda no es euforia ni pánico, sino una atención nueva, una forma distinta de habitar el cuerpo que incomoda a quienes construyeron su autoridad sobre la distracción ajena.
La gente ya no me mira esperando instrucciones.
Eso es lo más inquietante.
Me observan como se observa a un