317. El Fuego que me reconoce.
Nunca había oído a un incendio respirar.
Pero allí estaba, frente a mí, ese… ser. No era solo fuego: era el molde de un cuerpo humano hecho de brasas vivas, contornos temblorosos y un brillo interno que parecía mirar directamente dentro de mis huesos. Se había formado en medio del caos: templos ardiendo, soldados derrumbándose bajo el calor extraño que corroía sus armaduras, la tierra misma abriéndose en grietas luminosas, como si el suelo se hubiera fracturado para dejar escapar un sol encerra