318. Cuando el fuego pronuncia mi nombre.
El mundo aún temblaba por la columna de fuego que había estallado desde mi pecho. El aire crujía, cargado de una energía que no reconocía como mía, pero que aun así respondía a cada latido. Cuando respiré, las llamas alrededor respiraron conmigo. Cuando parpadeé, la luz se contrajo y se expandió como si todo estuviera conectado a mi cuerpo.
El ser de fuego permanecía a mi lado, todavía recomponiéndose de la prisión de ceniza. Su forma fluctuaba como una hoguera a punto de desbordarse, y aun así