592. La calma dura poco.
No es una calma real, es esa quietud previa a una tormenta que todos sienten pero nadie nombra, y mientras camino de regreso a la cabaña con la cabeza en alto y el pulso todavía cargado de lo que pasó, sé que Kael y Adrien no son el único problema que se está gestando en las sombras.
La manada observa.
Siempre observa.
Y el fuego no pasa desapercibido.
A la mañana siguiente no me despierta el sol ni el ruido del bosque, me despierta una sensación incómoda en el pecho, una vibración baja en el v