Aimunan
Me quedé mirando a Alexander, procesando la frialdad de los hechos. Durante meses, yo había construido una narrativa en mi cabeza: él era un hombre moderno, quizás algo cínico, que simplemente no quería la responsabilidad de una familia. Asumí que se había hecho la vasectomía como una decisión de vida, algo común en hombres de su estatus. Nunca, ni en mis sueños más febriles, imaginé que su esterilidad era el grillete de una deuda milenaria.
—Yo... necesito un momento a solas —pedí,