Alexander Lee Hace dos años que llegué a América del Sur. Tenemos un par de sedes en este continente: una en México y otra en Venezuela. Soy un empresario coreano. En mi círculo me conocen como un hombre frío y calculador, un depredador de los negocios. Durante la última década, he supervisado las empresas familiares alrededor del mundo: unas dedicadas a la investigación y desarrollo, otras a la producción e importación. Nuestro ámbito se centra en la ingeniería de suelos, un rubro que, como pueden imaginar, maneja recursos delicados y sumamente rentables. Actualmente estoy en Venezuela. No es común la inversión coreana en esta región; de hecho, no había tratos comerciales de mi país en el sector tecnológico o afines, a excepción de China, el mayor socio del Estado venezolano. Corea del Sur, aunque es un país pequeño, no se quedaría atrás, y nosotros nos encargaríamos de ello. Nuestros contactos en la embajada sirvieron de puente para que la Corporación Lee entrara en la mira
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