Alexander Lee
El aire dentro de la casa de piedras era una masa densa de humedad y el olor metálico de la sangre que comenzaba a impregnarlo todo. Mis oídos pitaban, una frecuencia aguda que competía con el sonido rítmico de la lluvia golpeando el techo rústico. Me sentía como un náufrago viendo cómo su último bote se hundía. ¿Cómo habíamos llegado a esto? Las preguntas me golpeaban el pecho como piedras lanzadas con saña: ¿Por qué me lo había ocultado? ¿Por qué había arrastrado nuestro secre