Aimunan
El peso de la tradición era una carga tangible. Sentía el aire denso de la oficina, no solo por la tormenta exterior, sino por la tormenta que rugía dentro de mí. Mis ojos, cansados por las noches sin dormir, veían a Alexander frente a mí, y a mi hermano Isaac en el reflejo de mis pensamientos. Isaac no hacía nada sin un plan, y que Alexander estuviera aquí, en esta remota selva, era una pieza de ajedrez en su estrategia. Una pieza que me ahogaba.
Había pedido estar a solas con Alex,