Después de hablar en el parque por casi una hora, Livia aceptó la invitación de Luca para ir a comer algo. No tenía hambre al principio, pero la calidez de su compañía, el tono de su voz y su forma de mirarla sin juicio, le daban una sensación extraña… como si pudiera, aunque fuera por unas horas, volver a ser simplemente una mujer normal.
Luca la llevó a un pequeño restaurante familiar a las afueras de la ciudad, alejado del bullicio, donde nadie la reconocería. Compartieron pasta fresca, pan