El sol apenas asomaba sobre el horizonte cuando un tenue resplandor dorado se filtró entre las cortinas de la cabina. El sonido de las olas era suave, distinto al rugido furioso de la noche anterior. Livia abrió los ojos lentamente, confundida por la luz que bañaba su rostro. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba.
El barco ya no se balanceaba con violencia. En cambio, una quietud casi irreal llenaba el ambiente. Dante dormía a su lado, el cabello húmedo y desordenado, con un brazo sobre s