La lluvia comenzaba a caer con lentitud sobre la zona portuaria, apagando los restos de polvo y fuego que aún flotaban en el aire. Las luces de las camionetas de los hombres de Dante iluminaban el exterior del galpón como un faro de justicia violenta.
En el silencio, entre dos contenedores abandonados, unos ojos observaban.
Luca.
Empapado, con la ropa rasgada y un vendaje sucio apretando su costado herido, se mantenía agazapado entre las sombras. Su pecho subía y bajaba con dificultad. Había vis