No había pasado ni un día desde la fiesta cuando Dante, aún con el eco de la sonrisa de Luca en su mente, dio una orden seca a uno de sus hombres de confianza:
—Averigua todo sobre ese bastardo. El de la copa. El que se atrevió a hablar con mi esposa.
Nicolo asintió sin dudar. En menos de doce horas, tenía un informe sobre "Leonardo D'Alba", supuesto empresario milanés. Sus documentos eran impecables, pero había algo que no cuadraba. Nadie en Milán lo conocía. Y en una red tan cerrada como la s