Dante estaba en su oficina, revisando un informe financiero cuando Nicolo, uno de sus hombres más antiguos, se acercó con cautela.
—Jefe… la señora salió esta mañana con Sofía.
Dante alzó la mirada lentamente, dejando el papel sobre el escritorio.
— ¿Salió? ¿A dónde?
—No lo sabemos. Salieron en el coche de ella. Sin escolta. Solo las dos. Uno de mis hombres las está siguiendo.
Dante se quedó en silencio unos segundos, su mandíbula tensándose con cada palabra.
—Síguelas. No las pierdas. Y no qui