La canción me atrapó desprevenida. Estaba conduciendo hacia la galería, con la mente ocupada en la nueva exposición que debía organizar, cuando las primeras notas se deslizaron por los altavoces de la radio como un intruso inesperado. Mis dedos se congelaron sobre el volante mientras el mundo exterior se desvanecía.
No era solo una canción. Era una máquina del tiempo.
Universidad de Bellas Artes, 2010. La fiesta de primavera. Thomas con una camisa azul arremangada hasta los codos, el cabello li