El polvo danzaba en los rayos de sol que se filtraban por las ventanas sucias. Cassandra se detuvo en el umbral de aquella casa abandonada, sintiendo cómo el aire se volvía denso con cada respiración. Diez años habían pasado, pero el olor a madera vieja y a recuerdos persistía como si el tiempo se hubiera detenido.
—No tenías que venir conmigo —murmuró sin mirar a Thomas, que permanecía unos pasos atrás.
—Necesitaba hacerlo —respondió él con voz queda—. Hay fantasmas que debo enfrentar.
La casa