El Gran Salón del Palacio de Cristal lucía imponente, transformado en un santuario de luces y aromas para celebrar el undécimo cumpleaños del heredero. Los techos abovedados de cristal reflejaban los destellos de miles de velas flotantes que vertían una luz dorada sobre los invitados de la alta aristocracia. Las paredes de piedra blanca estaban adornadas con gigantescos tapices de terciopelo azul medianoche, bordados con hilos de plata pura que recreaban el escudo de la dinastía Aethelgar. En l