El tiempo en el reino de Aethelgar parecía correr con la misma fluidez que las aguas cristalinas de sus fuentes. Habían pasado más de once años desde aquella noche de invierno en que el primer llanto de un tierno heredero rompió el silencio del Palacio de Cristal. Aethelgar prosperaba bajo la alianza inquebrantable de sus líderes, aunque la distancia geográfica había obligado a las familias a mantenerse concentradas en sus propios territorios durante las últimas estaciones. 🏛️✨
Sin embargo, la