La tarde se presentaba idílica, con un cielo despejado que se reflejaba como un espejo sobre las mansas aguas del lago de los cisnes, un paraje retirado y exclusivo en las inmediaciones de la capital. Aiden y Ania habían decidido aprovechar el buen clima para romper la rutina, disfrutando de un apacible paseo en bote y de un picnic sobre la fresca hierba de la orilla. Tras semanas de constantes encuentros, la complicidad entre ambos era un refugio innegable. 🛶🧺
—Debo admitir que tenías razón,